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martes, 13 de mayo de 2025

Cómo trabajó la FAI por la derrota del pueblo; Jesús Rozado, 1940

«El famoso provocador y aventurero anarquista, exconsejero de la Federación Anarquista Ibérica (FAI) en el gobierno de la generalidad, Diego Abad de Santillán, ha escrito recientemente un libro. Se titula «Por qué perdimos la guerra» de 1940. Pero después de leerlo y penetrar bien en el fondo de su contenido, el título no sólo aparece incompleto, sino, además, incorrecto. Para ser consecuente con todo lo que en él se dice, la denominación más acertada sería la misma que encabeza este artículo: «Cómo trabajó la FAI por la derrota del pueblo». 

Nuestra posición teórica y práctica sobre el anarquismo en general y los anarquistas españoles en particular, es de sobra clara y conocida. Hemos considerado siempre al anarquismo como una corriente contrarrevolucionaria en el movimiento obrero, y a los anarquistas de la FAI como una banda de aventureros, provocadores y gentes sin principios. 

Amparándose en la demagogia de sus teorías reaccionarias, sus filas «selectas» eran cubiertas, en gran parte, por elementos degenerados, delincuentes comunes y atracadores de tipo profesional, quienes bajo la protección de una fraseología ultrarrevolucionaria irritante, aprovechándose de la entonces débil formación política de las masas y ocultos tras la mampara de un movimiento obrero sindical –la Confederación Nacional del Trabajo (CNT)– iban a encubrir allí sus delitos vulgares, realizando al servicio de la burguesía y los terratenientes, los hechos más perniciosos en contra de los sagrados intereses del proletariado y de las masas populares. 

miércoles, 11 de noviembre de 2020

Algunas cuestiones relativas a la crítica del anarquismo


«Es muy posible que algunos camaradas evitan hacer la crítica de principio al anarquismo y el socialfascismo [1], temiendo no establecer la diferenciación entre los jefes y las masas. Es este un profundo error atacar el anarquismo en tanto que corriente social determinada, no equivale de ningún modo a atacar a los obreros anarquistas; al contradecirles prestarles, una ayuda necesaria para permitirles libertarse de la cautividad burguesa. Justamente así es como hay que plantear la cuestión Es necesario denunciar la traición de los jefes anarquistas. Y es sobre la base de los principios, para mostrar que esta traición es debilitar el carácter mismo de la ideología y de la política del anarquismo. Y entonces ya no habrá duda sobre si se debe hablar de todos los jefes o solamente de algunos de ellos. 

La tarea más importante planteada ante el Partido Comunista de España (PCE) por los acontecimientos del 8 y 9 de enero de 1933, la tarea que consiste en desenmascarar resueltamente, desde el punto de vista de principio, el método anarquista de «hacer la revolución» se halla así irrealizada. Importa, pues, concentrar atención y las fuerzas suficientes para realizarla. 

Ante todo, es necesario vencer algunos puntos de vista erróneos en apreciación del anarquismo y del anarco-sindicalismo español. Hay tendencia a establecer una distinción de principio entre la fracción Pestaña-Peiró, como anarco-sindicalista, anarco-reformista, y la F.A.I. corriente del anarquismo puro [2]. Y si es lícito, conforme a esta tendencia, llamar a os primeros enemigos, es necesario calificar a los segundos de «amigos que se equivocan». 

Es esta una discriminación inexacta. Es cierto que los obreros anarquistas son para nosotros amigos equivocados, hermanos de clase equivocados. Pero esto es, también cierto para los obreros que siguen a Pestaña-Peiró, así como para los obreros socialistas. En cuanto al anarquista más puro, al más «izquierdista», para nosotros es una corriente hostil así como el anarco-reformismo y el social-fascismo. 

Tenemos tanta menos razón de oponer el «anarquismo puro» al anarco-sindicalismo, cuanto que la Federación Anarquista Ibérica (F.A.I.) se atiene prácticamente a las posiciones sindicalistas, operando en el seno de la Confederación Nacional del Trabajo (C.N.T.) y como su fuera directriz. La base ideológica de principio de la F.Á.I. y de Pestaña-Peiró es una y la misma. El sitio esencial es reservado en ella a la consigna comunismo libertario. Tanto la F.A.I. como Pestaña, ponen los dos el comunismo libertario a título de panacea universal contra los males sociales. 

Para criticar la consigna de comunismo libertario, para denunciar su verdadera esencia, se ha hecho muy poco hasta ahora. Es esta un omisión intolerable. Algunos comunistas participan todavía de la opinión de que el comunismo libertario de los anarco-sindicalistas, es precisamente la fase superior del comunismo al que nosotros aspiramos. Por tanto, los anarquistas tienen el mismo ideal que nosotros y se diferencian solamente en la elección del camino a recorrer. Insuficientemente realistas, se muestra impacientes y quieren alcanzar la futura sociedad sin clases de una vez «en aeroplano», sin darse cuenta de la necesidad de pasar por la fase de la dictadura del proletariado. 

domingo, 8 de marzo de 2020

Frente único proletario y frente popular antifascista; Georgi Dimitrov, 1935

En el presente capítulo Dimitrov resume las condiciones en las que se puede establecer el frente único del proletariado –es decir las alianzas del proletariado comunista con proletarios de otras organizaciones o incluso sin partido–  y el frente popular –la alianza del proletariado comunista con los pequeños campesinos, jornaleros, intelectuales, funcionarios, pequeño burgueses de la ciudad–. Esto es de suma importancia viendo las distorsiones que luego se ha hecho de estas dos cuestiones. Como resolución a este discurso se dispuso:

«Los comunistas deben incrementar su vigilancia y guardarse del peligro de del oportunismo de derecha, y deben continuar una determinada lucha contra todas estas concretas manifestaciones, teniendo en cuenta el peligro del oportunismo de derecha crecerá donde las tácticas del frente único sean aplicadas. La lucha por el establecimiento del frente único, de la acción conjunta de la clase obrera, alza como necesario que los obreros socialdemócratas se convenzan a través de las lecciones objetivas de la correcta política de los comunistas y la incorrecta política reformista, y que cada partido comunista prosiga  una lucha irreconciliable contra cualquier tendencia que rebaje las diferencias de principio entre el comunismo y el reformismo, contra rebajar la crítica de la socialdemocracia como ideología y práctica de colaboración de clases con la burguesía, contra la ilusión de que es posible transitar al socialismo pacíficamente, por métodos legales, contra cualquier realización basada en el automatismo y la espontaneidad, en la organización de la liquidación del fascismo o en la realización del frente único, contra cualquier menosprecio del rol del partido y contra la vacilación en los momentos de decisiva acción». (Internacional Comunista; Resolución final emitida por el VIIº Congreso de la Internacional Comunista respecto al informe de Georgi Dimitrov, 20 de agosto de agosto de 1935)

El documento:


«Algunos camaradas se quiebran en vano la cabeza, dándole vueltas a esta pregunta: ¿por dónde empezar, por el frente único del proletariado o por el frente popular antifascista?

Unos dicen: no se puede proceder a crear el frente popular antifascista antes de organizar un sólido frente único del proletariado.

Pero como  en una serie de países el establecimiento del frente único proletario tropieza con la resistencia de los sectores reaccionarios de la socialdemocracia, es mejor –razonan otros– empezar de una vez por el frente popular y sobre esa base desarrollar luego el frente único de la clase obrera.

Pero en una serie de países la formación del frente único del proletariado y el frente popular antifascista se hallan enlazados por la dialéctica viva de la lucha de clases, se entretejen, se convierten el uno en el otro, en el proceso de la lucha práctica contra el fascismo, y no se hallan separados, ni mucho menos, por una muralla china.

viernes, 13 de diciembre de 2019

Carta de Dimitrov a Stalin sobre los métodos y defectos en la Internacional Comunista


«Habiéndome familiarizado mejor con la situación en la Internacional Comunista (IC), llegué a la conclusión de que algunos cambios deben tomar lugar en el movimiento obrero internacional. (…) Requiere urgente revisión y cambios en los métodos de trabajo en los órganos de liderazgo de la IC. (…) Después de un intercambio de opiniones con los camaradas y líderes de la IC me convencí de que un cambio es imposible sin la intervención directa y asistencia del Buró Político del Partido Comunista (bolchevique) de la URSS. Todo esto es lo más esencial como solución a estos problemas es complicado por cierto conservadurismo y rutina burocrática incrustada en el liderazgo de la IC, así como por las relaciones poco saludables entre los camaradas que directamente participan en el liderazgo de la IC. (…) La necesidad del fortalecimiento político-ideológico en general del liderazgo del movimiento comunista». (Carta de Georgi Dimitrov a Stalin, 6 de octubre de 1934)

Notas de Bitácora (M-L):

martes, 3 de diciembre de 2019

Cataluña es una nación; Joan Comorera, 1940


«[Nota de «Nuestra Bandera», periódico del Partido Comunista de España: El 8 de Septiembre el camarada Juan Comorera, Secretario General del Partido Socialista Unificado de Cataluña –Sección Catalana de la Internacional Comunista– pronunció en la ciudad de México una importante conferencia sobre el tema «Contra la Guerra Imperialista y por la Liberación social y nacional de Cataluña». Publicamos en este número, íntegramente, la importantísima parte de la conferencia de Comorera que se refiere al problema nacional y a las tareas para la lucha por la liberación nacional y social de Cataluña, Esta parte, es de extraordinario valor para la orientación y el trabajo práctico de los miembros del Partido hermano del pueblo catalán y del pueblo español en el combate por su victoria sobre el régimen dominante].

Marx y Engels y el problema nacional y colonial

Al analizar los acontecimientos que en su época tuvieron lugar en Irlanda, la India, China, los países centro-europeos, Polonia y Hungría, Marx y Engels, nos dieron las directivas fundamentales sobre la cuestión nacional y colonial. Estas directivas fundamentales no solamente no fueron desarrolladas por la socialdemocracia, sino que fueron desconocidas y tergiversadas en la teoría, y renegadas en la práctica. Los problemas nacionales de Europa han sido y son un factor revolucionario de lucha contra el imperialismo. En la medida en que los partidos de la II Internacional degeneraron en partidos de ''reformas sociales», se apartaban de la lucha de clases, renegaban de la dictadura del proletariado, pasaban a las filas de la contrarrevolución, la cuestión nacional que en un principio anunciaban vagamente, se transformó en instrumento «ideológico» de subordinación nacional al Imperialismo. No vale la pena de analizar ahora las teorías socialdemócratas justificativas de la opresión nacional y colonial. Recordemos, nada más, que para los socialdemócratas la lucha de los pueblos coloniales, era contraria a los intereses del proletariado europeo, que la tesis sobre «la misión y la tarea del hombre blanco» de los más fanáticos imperialistas la aceptaban al hablar del papel progresivo del imperialismo en las colonias, y hacían el juego al imperialismo al asegurar que los pueblos coloniales y las naciones oprimidas, no estaban preparadas para el ejercicio de la libertad y de la soberanía. Nuestra experiencia es suficiente para conocer a fondo la posición práctica de los socialdemócratas en la cuestión nacional. El Partido Socialista Obrero Español, ha combatido a sangre y fuego a Cataluña y Euzkadi, las dos nacionalidades históricas oprimidas y que han llegado a la madurez nacional. El Partido Socialista Obrero Español, ha sido un instrumento del imperialismo español, debido a la acción del cual, tanto escrita como práctica, grandes núcleos de obreros, nunca comprendieron que la cuestión nacional y colonial, es parte integrante de la revolución proletaria internacional. En el curso de nuestra guerra, las incomprensiones y los exabruptos del Partido Socialista Obrero Español y de sus líderes en función de gobierno Largo Caballero, Prieto y Negrín, respecto a Cataluña y a nuestras instituciones autónomas, fueron uno de los principales factores que contribuyeron a la derrota de Cataluña y de la República. 

lunes, 18 de noviembre de 2019

El atraso de un pueblo no significa que no pueda convertirse en progresivo, más avanzado incluso que otros que lo venían siendo hasta entonces


«Otro «argumento» que aducen los racistas para «demostrar» la existencia de razas «superiores» e «inferiores» es el atraso cultural de ciertos pueblos. Los imperialistas oprimen a una gran parte de los pueblos de la humanidad, los hacen objeto de una explotación inhumana, entorpecen por todos los medios su progreso y procuran fomentar su atraso diciendo que se trata de «razas inferiores». Luego, ¡se descuelgan diciendo que estos pueblos son «razas inferiores» , como lo demuestra su «atraso cultural»! A eso se reduce el argumento de los lacayos racistas pseudoeruditos del imperialismo. Hace ya mucho tiempo que la ciencia, sobre todo la arqueología y la etnografía, ha demostrado que el mayor o menor atraso de ciertos grupos de la humanidad en el terreno cultural no tiene absolutamente nada que ver con las características raciales de estos grupos, del mismo modo que el mayor progreso social y cultural de otros grupos no puede atribuirse tampoco a sus características de raza. Este desarrollo responde a factores económicos y sociales, a factores históricos. Son éstos los que hacen que unos grupos de la humanidad se hallen más atrasados y otros más adelantados, con respecto al desarrollo general. Y a ellos se debe también el que grupos que habían sido siempre atrasados puedan convertirse de pronto en grupos progresivos, más avanzados incluso que otros que lo venían siendo hasta entonces». (Franz Willner; La ciencia contra las patrañas racistas; Publicado en la revista Internacional Comunista, Nº8, 1939)

domingo, 27 de octubre de 2019

El papel de la socialdemocracia y su actitud ante el frente único del proletariado; Georgi Dimitrov, 1935

Continuando con el estudio de las estrategias y tácticas antifascistas. 

Después, en el tercer punto, continuando con el estudio de las estrategias y tácticas antifascistas Georgi Dimitrov observó los cambios que se operaban dentro de los partidos socialdemócratas –que también como otros, tenían un origen de clase heterogéneo–, desde el militante socialdemócrata, hasta ciertos jefes socialdemócrata se habían dado cuenta –y ambos en interés de su necesidad– que la política errónea de auxiliar de la más recalcitrante reacción estaba llevando a los partidos socialdemócratas a allanar el camino a su propia liquidación como partido debido a la victoria fascismo. Aún así, y pese a estar en la cuerda floja el búlgaro anota que seguía existiendo a mediados de los años 30, y pese a la evidente «fascistización», muchísima resistencia por parte sobre todo de los líderes socialdemócratas, a cesar la colaboración con la burguesía y establecer el frente único que lanzara al partido a la lucha contra el capital. También ve como normal y evidente el proceso de «radicalización» hacia el comunismo entre los militantes obreros socialdemócratas que han contemplado desde los años 20 hasta esos días, diferentes derrotas –en la lucha contra el fascismo–, y diferentes decepciones –a la hora de gobernar el partido socialdemócrata–. Algo que puede ser una ventaja a la hora de establecer el frente único proletario con su base, y que precisamente les alejará de la influencia de sus líderes reaccionarios.

El documento: 


«Camaradas: desde el punto de vista de nuestras tareas tácticas tiene gran importancia la respuesta que demos a esta pregunta: ¿sigue siendo la socialdemocracia, en los momentos actuales, el sostén principal de la burguesía? ¿Y dónde?

Algunos de los camaradas que participaron en la discusión –como los camaradas Peter Florin y Palme Dutt–, rozaron este problema: pero dada su importancia es necesario darle una respuesta más completa. Es un problema que se plantean, y no pueden dejar de plantearse, los obreros de todas las tendencias, en particular de los obreros socialdemócratas.

viernes, 25 de octubre de 2019

Partido Comunista de Euskadi; Acta fundacional, 1935


«El Congreso constitutivo del Partido Comunista de Euskadi se ha celebrado a primeros de Junio en Vizcaya.

Hasta el momento presente, ha sido el Partido Comunista de España el único que con su programa de liberación nacional y social, ha luchado por el derecho de autodeterminación de las nacionalidades oprimidas, incluso hasta su separación del Estado Español. Consecuentes con esta política, la Internacional Comunista y el Partido Comunista de España, de acuerdo con los comunistas de Cataluña, procedieron a la constitución del Partido Comunista de Cataluña, que ha logrado ya serios éxitos en la lucha por la liberación nacional y social del pueblo catalán.

La constitución del Partido Comunista de Euskadi es, pues, la confirmación de la política de liberación nacional y social de nuestro Partido hermano de España y de la Internacional Comunista.

El Congreso Nacional del Partido Comunista de de Euskadi reconoce plenamente la existencia de la nacionalidad vasca, expresada en la comunidad de idioma, territorio, homogeneidad étnica, cultura y, sobre todo en la voluntad decidida de la mayoría del país, que lucha por sus derechos nacionales frente al imperialismo español que lo sojuzga en combinación con la burguesía vasca y los grandes propietarios de Euskadi.

La constitución de del Partido Comunista de Euskadi significa: impulsar grandemente la lucha revolucionaria por la liberación nacional, que constituye al mismo tiempo un factor decisivo para la liberación económica y social de las masas de nuestro país frente a la explotación de la propia burguesía nacional y del imperialismo español opresor del pueblo vasco.

viernes, 12 de julio de 2019

El PCE (m-l) y su miedo a exponer al público las divergencias con otros partidos; Equipo de Bitácora (M-L), 2019


«Stalin ya dijo en 1925 contra el seguidismo:

«Habla usted de la línea del P.C. de Alemania. Indudablemente –me refiero a su línea política–, es acertada. Ello, propiamente, explica las relaciones íntimas, amistosas –y no sólo de camaradas– entre el P.C.(b) de Rusia, y el P.C. de Alemania, esas relaciones de las que usted mismo habla en su carta. Pero ¿significa esto que debamos ocultar ciertos errores en la labor política del P.C. de Alemania o del P.C.(b) de Rusia? Naturalmente que no. ¿Puede afirmarse que el C.C. del P.C. de Alemania o el C.C. del P.C.(b) de Rusia no cometen algún que otro error? ¿Puede afirmarse que la crítica de una parte de la actividad del C.C. del P.C. de Alemania –utilización insuficiente del asunto Barmat, la conocida votación de la minoría comunista en el parlamento de Prusia en el problema de la elección del presidente del parlamento, el problema de los impuestos relacionados con el plan Dawes, etc.– excluye la plena solidaridad con la línea general del C.C. del P.C. de Alemania? Claro que no. ¿Qué sería de nuestros Partidos si al encontramos nosotros en el Comité Ejecutivo de la Internacional Comunista, supongamos, cerrásemos los ojos a los errores de nuestros Partidos, nos entusiasmásemos ensalzando nuestro «acuerdo completo» y nuestra «bonanza» y nos pusiéramos a decir amén en todas las cuestiones? Creo que semejantes partidos nunca llegarían a ser revolucionarios. Serían momias, pero no partidos revolucionarios. Me parece que algunos camaradas alemanes se sienten a veces inclinados a pedimos que demos nuestro asentimiento a todo lo que hace el Comité Central del P.C. de Alemania, estando por su parte siempre dispuestos a asentir a cuanto haga el Comité Central del C.C.(b) de Rusia. Yo me opongo enérgicamente a ese asentimiento mutuo. A juzgar por su carta, usted es de la misma opinión. Tanto mejor para el P.C. de Alemania». (Iósif Vissariónovich Dzhugashvili; Stalin; Carta del Camarada Me-rt, 8 de noviembre de 1925)

Aunque parezca increíble, estas sencillas concepciones de las relaciones entre partidos no fueron adoptadas por casi ningún partido de aquel entonces. La cuestión tampoco mejoró mucho tras el desmoronamiento vital de la mayoría de partidos bajo la usurpación de los jruschovistas.

En el IIIº Congreso del PCE (m-l) de 1979 se decidió autocensurar al público el capítulo del informe: «Algunas cuestiones sobre el movimiento comunista internacional (marxista-leninista)», bajo la excusa de que «por razones obvias, de esta parte del informe, se publicaran solo extractos». ¡¿Qué razones obvias?! Más allá de que el público asistente pudiese escuchar el informe entero o no, dedicando escasas páginas a la versión final escrita, el PCE (m-l) privó a sus compañeros internacionales y a las generaciones venideras de un estudio concienzudo de los problemas internacionales de entonces. Eludiendo datos de cuestiones sensibles como cuestiones militares, domicilios, financiación y afiliación interna o próximas movilizaciones de peso, un partido no puede eludir en una exposición sus propios documentos, mucho menos cuando versan de luchas ideológicas. Como sabemos, las direcciones de todos los partidos oportunistas de la actualidad: PCE, PCOE, PCPE, PCE (r), RC, UP, IC, PTE y toda la sopa de letras revisionista se escudan en que «por cuestiones de seguridad» o por «cuestiones de la represión sufrida», prefieren o no pueden exponer sus documentos, ¡dando a entender que si los expusieran todos podríamos ver la gran calidad de sus escritos y análisis! Lo que no entienden es que un partido comunista como tal, no teme esconder sus posiciones políticas, económicas y culturales, y que uno que hace eso, no puede aspirar más que a ser un reducto marginal. No obstante, se ha de aclarar que entendemos que en determinadas circunstancias haya una limitación de la información en temas concretos de cara a coyunturas práctico-organizativas que por su sensibilidad deben tratarse con precaución para no delatarnos ante el enemigo. Pero como ya hemos expresado, esta limitación de la información debe de ser concreta y coyuntural, y nunca en materia político-ideológica, económica o programática.

Lamentablemente dentro del PCE (m-l) se cosechó la teoría de que las críticas entre partidos eran necesarias para reforzar los lazos ideológicos, pero que ellas debían resolver siempre de forma interna, ya que, toda disputa teórica podría ser aprovechada por el enemigo (sic):

«Vemos casos de clara desviación de los principios, de posiciones claras de oportunismo correcto y chovinismo que conducen, si no se rectifican, al pantano del revisionismo. ¿Pero qué debemos hacer? ¿Pasar en silencio debido a la «independencia» de cada partido y dejar continuar el proceso de degeneración? No, decimos y diremos claramente lo que pensamos, sin temores ridículos sobre las polémicas que nos hacen callar. Porque esta polémica sirve para aclarar ideas y conceptos, para corregir errores si no son tercos. (...) Por esto no podemos callarnos, ya que esto sería, además de cobardía, desprecio por los pueblos y los trabajadores de los países en cuestión y, al mismo tiempo, romper con la tradición leninista de polemizar, de censurar y no dar cuartel a aquellos que, consciente o inconscientemente, han desviado o distorsionado las leyes y los principios del marxismo. (...) Somos de la opinión, que mientras exista una posibilidad de corregir los errores, es por ello necesario y honorable, que la polémica deba desarrollarse a nivel interno y no público». (Raúl Marco; Sobre algunas cuestiones del Movimiento Internacional; Discurso pronunciado en un plenario ampliado del Comité Central, 3 de octubre de 1982)

domingo, 26 de mayo de 2019

El partido comunista y el parlamentarismo; Internacional Comunista, 1920


«La nueva época y el nuevo parlamentarismo

La actitud de los partidos socialistas con respecto al parlamentarismo consistía en un comienzo, en la época de la I Internacional, en utilizar los parlamentos burgueses para la agitación. Se consideraba la participación en la acción parlamentaria desde el punto de vista del desarrollo de la conciencia de clase, es decir del despertar de la hostilidad de las clases proletarias contra las clases dirigentes. Esta actitud se modificó no por la influencia de una teoría sino por la del progreso político. A consecuencia del incesante aumento de las fuerzas productivas y de la ampliación del dominio de la explotación capitalista, el capitalismo, y con él los estados parlamentarios, adquirieron una mayor estabilidad.

De allí la adaptación de la táctica parlamentaria de los partidos socialistas a la acción legislativa «orgánica» de los parlamentos burgueses y la importancia, siempre creciente, de la lucha por la introducción de reformas dentro de los marcos del capitalismo, el predominio del programa mínimo de los partidos socialistas, la transformación del programa máximo en una plataforma destinada a las discusiones sobre un lejano «objetivo final». Sobre esta base se desarrolló el arribismo parlamentario, la corrupción, la traición abierta o solapada de los intereses primordiales de la clase obrera.

La actitud de la III Internacional con respecto al parlamentarismo no está determinada por una nueva doctrina sino por la modificación del papel del propio parlamentarismo. En la época precedente, el parlamento, instrumento del capitalismo en vías de desarrollo, trabajó en un cierto sentido, por el progreso histórico. Bajo las condiciones actuales, caracterizadas por el desencadenamiento del imperialismo, el parlamento se ha convertido en un instrumento de la mentira, del fraude, de la violencia, de la destrucción, de los actos de bandolerismo. Obras del imperialismo, las reformas parlamentarias, desprovistas de espíritu de continuidad y de estabilidad y concebidas sin un plan de conjunto, han perdido toda importancia práctica para las masas trabajadoras.

El parlamentarismo, así como toda la sociedad burguesa, ha perdido su estabilidad. La transición del período orgánico al período crítico crea una nueva base para la táctica del proletariado en el dominio parlamentario. Así es como el partido obrero ruso –el partido bolchevique– determinó ya las bases del parlamentarismo revolucionario en una época anterior, al perder Rusia desde 1905 su equilibrio político y social y entrar desde ese momento en un período de tormentas y cambios violentos.

viernes, 12 de abril de 2019

Lenin exponiendo el abstencionismo parlamentario de Bordiga


«El camarada Bordiga quería, por lo visto, defender aquí el punto de vista de los marxistas italianos; pero, sin embargo, no ha contestado ni a uno solo de los argumentos aducidos aquí por otros marxistas en defensa de la actividad parlamentaria.

El camarada Bordiga ha reconocido que la experiencia histórica no se crea artificialmente. Acaba de decirnos que es preciso trasladar la lucha a otro terreno. ¿No sabe, acaso, que toda crisis revolucionaria va acompañada de una crisis parlamentaria? Ha dicho, es cierto, que la lucha debe ser trasladada a otro terreno, a los sóviets. Pero el propio camarada Bordiga ha reconocido que los sóviets no pueden ser creados artificialmente. El ejemplo de Rusia demuestra que los sóviets pueden ser organizados o durante la revolución o inmediatamente antes de la revolución. Ya en tiempos de Kerenski, los sóviets –exactamente, los sóviets mencheviques– fueron organizados de tal manera que no podían en modo alguno formar parte del poder proletario. El parlamento es un producto del desarrollo histórico que no podremos suprimir de la vida mientras no seamos tan fuertes que estemos en condiciones de disolver el parlamento burgués. Únicamente siendo miembro del parlamento burgués se puede, partiendo de las condiciones históricas concretas, luchar contra la sociedad y el parlamentarismo burgueses. El mismo medio que emplea la burguesía en la lucha debe ser empleado también por el proletariado, como es natural, con fines completamente distintos. No puede usted afirmar que esto no es así, y si quiere impugnarlo, tendrá que tachar de un plumazo la experiencia de todos los acontecimientos revolucionarios del mundo.

Ha dicho usted que los sindicatos son también oportunistas, que también ellos representan un peligro; pero, por otro lado, ha dicho que es preciso hacer una excepción con los sindicatos, pues son una organización obrera. Mas eso es justo sólo hasta cierto punto. También en los sindicatos hay elementos muy atrasados. Una parte de la pequeña burguesía proletarizada, los obreros atrasados y los pequeños campesinos, todos esos elementos piensan, efectivamente, que en el parlamento están representados sus intereses; hay que luchar contra eso actuando en el parlamento y mostrando con hechos la verdad a las masas. A las masas atrasadas no se las puede convencer con la teoría: necesitan la experiencia.

domingo, 7 de abril de 2019

Los partidos comunistas, su organización y su funcionamiento


«14. El partido comunista debe estar basado en una centralización democrática. La constitución mediante elecciones de los comités secundarios, la sumisión obligatoria de todos los comités al comité superior y la existencia de un centro provisto de plenos poderes cuya autoridad no puede, en el intervalo entre los congresos del partido, ser cuestionada por nadie, esos son los principios esenciales de la centralización democrática.

15. Toda una serie de partidos comunistas en Europa y en América son puestos al margen de la legalidad por el estado de excepción. Es conveniente recordar que el principio electivo puede sufrir, bajo esas condiciones, algunos inconvenientes y que puede ser necesario acordar a los órganos directivos del partido el derecho a designar nuevos miembros. Así ocurrió en Rusia. Durante el estado de excepción, el partido comunista evidentemente no puede recurrir al referéndum democrático siempre que se plantee un problema grave –como pretendía un grupo de comunistas norteamericanos–. Por el contrario, debe darle a su núcleo dirigente la posibilidad y el derecho de decidir rápidamente en el momento oportuno, en nombre de todos los miembros del partido.

16. La reivindicación de una amplia «autonomía» para los grupos locales del partido en estos momentos no puede sino debilitar las filas del partido comunista, disminuir su capacidad de acción y favorecer el desarrollo de las tendencias anarquistas y pequeño burguesas opuestas a la centralización.

17. En los países donde el poder se halla todavía en manos de la burguesía o de la socialdemocracia contrarrevolucionaria, los partidos comunistas deben yuxtaponer sistemáticamente la acción legal y la acción clandestina. Esta última siempre debe controlar efectivamente a la primera. Los grupos parlamentarios comunistas, al igual que las fracciones comunistas que operan en el seno de las diversas instituciones estatales, tanto centrales como locales, deben estar totalmente subordinados al partido comunista, cualquiera que sea la situación, legal o no, del partido. Los funcionarios que de una u otra manera no se someten al partido comunista deben ser expulsados. La prensa legal –diarios, ediciones diversas– debe depender en todo y para todo del conjunto del partido y de su comité central». (Komintern; Resolución sobre el papel del partido comunista en la revolución proletaria, 1920)

martes, 19 de marzo de 2019

Los comunistas y su fracción parlamentaria


«10. Hay un grupo o fracción de los comunistas que merece particular atención y la vigilancia del partido: la fracción parlamentaria. En otros términos, el grupo de miembros del partido elegidos en el parlamento –o en los municipios, etc.–. Por una parte, esas tribunas son de una importancia fundamental para los sectores profundos de la clase trabajadora retrasada o llena de prejuicios pequeñoburgueses. Esa es la razón por la que los comunistas, desde lo alto de esas tribunas, deben llevar a cabo una acción de propaganda, agitación y organización y explicar a las masas por qué era necesaria en Rusia –como lo será llegado el caso en todos los países– la disolución del parlamento burgués por el Congreso Panruso de Soviets. Por otra parte, toda la historia de la democracia burguesa ha hecho de la tribuna parlamentaria, sobre todo en los países adelantados, el principal, o uno de los principales, antros de las estafas financieras y políticas, del arribismo, de la hipocresía, de la opresión de los trabajadores. Por eso el vivo odio alimentado con respecto a los parlamentos por los mejores representantes del proletariado está plenamente justificado. Por eso los partidos comunistas y todos los partidos adheridos a la III Internacional –sobre todo en el caso en que esos partidos no hayan sido creados a consecuencia de una escisión de los viejos partidos tras una larga y encarnizada lucha sino que se hayan formado por la adopción, muchas veces nominal, de una nueva posición por parte de los antiguos partidos– deben observar una actitud muy rigurosa con respecto a sus fracciones parlamentarias, es decir exigir su subordinación total al comité central del partido, la incorporación preferentemente en su composición de obreros revolucionarios, el análisis más atento en la prensa del partido y en las reuniones de éste de los discursos de los parlamentarios desde el punto de vista de su actitud comunista, la designación de los parlamentarios para la acción de propaganda entre las masas, la exclusión inmediata de todos aquellos que manifiesten una tendencia hacia la II Internacional, etc». (Komintern; Las tareas fundamentales de la Internacional Comunista, 1920)

viernes, 1 de marzo de 2019

Dimitrov hablando claro sobre el deber de los comunistas ante la cuestión nacional


«Es evidente que hay que poner bien de relieve, en todas partes y en todas las ocasiones, ante las masas y demostrar de un modo concreto que la burguesía fascista, con el pretexto de defender los intereses de toda la nación, practica la política egoísta de opresión y explotación de su propio pueblo y la expoliación y la esclavización de los demás pueblos. Pero no podemos limitarnos a esto. Al mismo tiempo, tenemos que poner de manifiesto, a través de las propias luchas de la clase obrera y mediante las acciones del Partido Comunista, que el proletariado, al rebelarse contra todo vasallaje y contra toda opresión nacional, es el único y auténtico campeón de la libertad nacional y de la independencia del pueblo.

Los intereses de la lucha de clases del proletariado contra los explotadores y opresores patrios no están en pugna con los intereses de un porvenir libre y feliz de la nación. Al contrario: la revolución socialista será la salvación de la nación y le abrirá el camino para un auge más esplendoroso. Por esto, porque la clase obrera, al construir hoy sus organizaciones de clase y afianzar sus posiciones, al defender contra el fascismo los derechos y libertades democráticas, al luchar por el derrocamiento del capitalismo, lucha ya a través de todo esto por ese porvenir de la nación.

El proletariado revolucionario lucha por salvar la cultura del pueblo, por redimirla de las cadenas del capital monopolista en putrefacción, del fascismo bárbaro que la violenta. Sólo la revolución proletaria puede impedir el naufragio de la cultura, elevarla al más alto esplendor como verdadera cultura popular, de esa cultura, nacional por su forma y socialista por su contenido, que se está realizando ante nuestros ojos en la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas bajo la dirección de Iósif Stalin (Aplausos).

El internacionalismo proletario no sólo no está contra la lucha de los trabajadores de cada país por la libertad nacional, social y cultural, sino que además garantiza, gracias a la solidaridad proletaria internacional y a la unidad de lucha, el apoyo necesario para triunfar en ella. Sólo en la más estrecha alianza con el proletariado victorioso de la gran Unión Soviética, puede triunfar la clase obrera de los países capitalistas. Sólo luchando codo a codo con el proletariado de los países imperialistas, pueden los pueblos coloniales y las minorías oprimidas lograr su liberación. La alianza revolucionaria de la clase obrera de los países imperialistas con los movimientos de liberación nacional de las colonias y países dependientes es un jalón, absolutamente indispensable, en la senda del triunfo de la revolución proletaria en los países imperialistas, pues como enseñaba Marx, «el pueblo que oprime a otros pueblos jamás puede ser libre». (Georgi Dimitrov; La clase obrera contra el fascismo; Informe en el VIIº Congreso de la Komintern, 2 de agosto de 1935)

miércoles, 7 de marzo de 2018

Los revisionistas chinos y sus calumnias sobre la Komintern –Internacional Comunista–


«La dirección del Partido Comunista de China y Mao Zedong en particular también adoptó una actitud desdeñosa y denigrante hacia la Komintern y su política, sobre todo sobre la cuestión nacional y colonial [9].

Hasta la muerte de Iósif Stalin, el Partido Comunista de China, Mao Zedong y el resto de sus partidarios, por razones de oportunismo político, no se habían pronunciado públicamente en contra la Komintern y contra Stalin,  sino, en los escritos de Mao Zedong en las diversas decisiones del Partido Comunista de China anteriores a la muerte de Stalin; o bien la Komintern era completamente ignorada o bien indirectamente se achacaban todas las derrotadas de la revolución china a la Komintern. Un documento típico en este sentido es la obra titulado: «Resoluciones sobre algunas cuestiones de la historia del partido» de 20 de abril de 1945, correspondiente a la VIIº Sesión Ampliada del Comité Central del Partido Comunista de China tras su VIº Congreso de 1945 [10]. Este documento fue redactado por Mao Zedong y publicado en sus obras escogidas [en la primera publicación de 1965 del Tomo III de las Obras Escogidas de Mao Zedong que van desde 1941 a 1945, se incluyó esta obra, posteriormente en la segunda edición de 1967 se retiró - Anotación de Bitácora (M-L)].

En el espíritu del Pensamiento Mao Zedong, esta obra ofrece una visión en conjunto sobre el desarrollo general de la revolución china, sobre la historia del Partido Comunista de China, en particular en los años que siguieron tras la derrota de la revolución en 1925-1927, hasta la usurpación de la dirección del Partido Comunista de China por Mao Zedong y su grupo en 1935. Aunque no se pronuncia allí abiertamente contra la Komintern y Iósif Stalin, esta obra comprende una crítica indirecta contra ellos y los acusa de ser responsables de todas las derrotas de la revolución china. Mao Zedong y su camarilla calificaron la línea de la Komintern de dogmática, y las orientaciones marxista-leninistas de la Komintern de «clichés extranjeros»:

«Debe eliminarse el estilo de cliché extranjero, debe haber menos cantinelas abstractas y vacías, y debe mandarse a descansar al dogmatismo, dando paso al estilo y espíritu chinos llenos de vida y lozanía; que gustan a la gente sencilla de nuestro país». (Mao Zedong; El papel del Partido Comunista Chino en la guerra nacional; Obras Escogidas, Tomo II, octubre de 1938)

Así, en un lenguaje de insinuaciones y disimulado, pero que se refería a objetivos claramente definidos [usurpar en el Partido Comunista de China el Pensamiento Mao Zedong en detrimento del marxismo-leninismo - Anotación de Bitácora (M-L)], Mao Zedong y sus partidarios se opusieron a la Komintern y sus orientaciones marxista-leninistas elaborando una línea política que hundió cada vez más al Partido Comunista de China en el oportunismo y en la actividad pequeño burguesa, antimarxista.

La dirección china repitió abiertamente y sin ningún temor después de la muerte de Iósif Stalin las críticas que había formulado en un lenguaje enmascarado e indirecto contra la Komintern y Stalin antes de 1953. Pronunciándose sobre todo contra Stalin, Mao Zedong y su grupo pretendían no sólo rebajar la obra de Iósif Stalin y legitimar la afirmación del Pensamiento Mao Zedong, sino también realzar artificialmente la autoridad de Mao Zedong como un dirigente de estatura mundial, que jamás habría cometido errores y que siempre habría tenido razón. Señaló el camarada Enver Hoxha que:

«Estas críticas reflejaban el descontento acumulado con respecto a Stalin por las observaciones y las críticas que él y la Komintern habían hecho a la dirección del Partido Comunista de China y a Mao Zedong, que no aplicaban de manera consecuente los principios del marxismo-leninismo acerca del papel dirigente del proletariado en la revolución, acerca del internacionalismo proletario, acerca de la estrategia y la táctica de la guerra revolucionaria, etc. (...) Las contradicciones entre el Partido Comunista de China dirigido por Mao Zedong y el Partido Comunista de la Unión Soviética dirigido por Iósif Stalin, así como las contradicciones entre el Partido Comunista de China y la Komintern eran contradicciones de principio acerca de cuestiones fundamentales de la estrategia y la táctica revolucionarias marxista-leninistas. Así, por ejemplo, el Comité Central del Partido Comunista de China ha ignorado la tesis del Komintern sobre el desarrollo correcto y consecuente de la revolución en China, su orientación de que la clase obrera en la ciudad y el ejército de liberación actuasen conjuntamente, la tesis de la Komintern sobre el carácter y las etapas de la revolución china, etc». (Enver Hoxha; El imperialismo y la revolución; Obras Escogidas, Tomo V, 1978)

Mao Zedong y su camarilla siempre esgrimieron su desprecio hacia la Komintern y sus delegados en China, calificándolos de «ignorantes», de «groseros», y los acusaban de no conocer la realidad china. Es por ello, que afirmaban que consideraban inútil la ayuda de la Komintern. En su discurso en la Conferencia de trabajo ampliada convocada por el Comité Central del Partido Comunista de China, en enero de 1961, Mao Zedong dijo abiertamente:

«China, en tanto que mundo objetivo, fue conocida por los chinos y no por los camaradas del Komintern, que se ocupaban de la cuestión china. Estos camaradas del Komintern desconocían o conocían poco la sociedad china, la nación china y la revolución china. Entonces, ¿por qué hay que hablar aquí de estos camaradas extranjeros?». (Mao Zedong; Conferencia de trabajo ampliada convocada por el Comité Central del Partido Comunista de China, 30 de enero de 1962)

El camarada Enver Hoxha recalcó que nunca se hacía mención a la Komintern respecto a los éxitos pero que por el contrario no ocurría igual con los errores:

«Mao Zedong excluye a la Komintern cuando se trata de los éxitos. Por el contrario, le culpa a ella y a sus representantes en China de las derrotas y las desviaciones del Partido Comunista de China, de no haber comprendido las situaciones que se han desarrollado en este país y no haber sacado de ellas las deducciones correctas. El y otros dirigentes chinos acusan a la Komintern de que a la hora de desarrollar una lucha consecuente para tomar el poder y construir el socialismo en China los ha obstaculizado y confundido. Pero, los hechos del pasado y sobre todo la actual realidad china confirman que en general las resoluciones y las directrices de la Komintern para China han sido justas y que el Partido Comunista de China no ha actuado sobre la base y en el espíritu de los principios del marxismo-leninismo». (Enver Hoxha; El imperialismo y la revolución; Obras Escogidas, Tomo V, 1978)

Los pocos libros que aparecen en China sobre la revolución china, no hablan apenas de la Komintern, pero eso sí todos ellos se inspiran en el «Pensamiento Mao Zedong». La historiografía china trata el desarrollo y la perspectiva de la revolución china sobre la base de los análisis que Mao Zedong hizo de esta revolución y que están en completa oposición con las orientaciones de la Komintern y la crítica consecuente marxista-leninista que ejerció sobre el Partido Comunista de China. Para la historiografía maoísta china la Komintern habría seguido una línea errónea en la revolución china, no conocía China, y de hecho, acabó en conclusiones perjudiciales para la revolución, siendo todas las derrotas debidas a las posturas erróneas de la Komintern. La actual historiografía china tiende no sólo a minimizar y negar, sino también a deformar y falsificar los esfuerzos continuos de la Komintern tanto para la creación del Partido Comunista de China como para su consolidación como partido político, aunque el Partido Comunista de China nunca pudiera convertirse en un genuino partido revolucionario marxista-leninista [11]. La historiografía revisionista china intentó demostrar que las orientaciones de la Komintern, sobre todo después de la muerte de Lenin, era erróneas, que no tenían en cuenta el desarrollo político, económico y social de China, y que para resolver los problemas de la revolución china, la Komintern debía dejar atrás algunos modelos obsoletos que no podían ser ya aplicados a China [12]». (Shyqri Ballvora; La importancia histórica de la Komintern en la denuncia y exposición de los revisionistas y su papel y lugar en la historia, 1984)

Anotaciones de Bitácora (M-L):

domingo, 4 de marzo de 2018

Los revisionistas yugoslavos y sus calumnias sobre la Internacional Comunista...


«La historiografía revisionista yugoslava también adoptó, una actitud nihilista y denigrante en contra de la Komintern, considera la historia de la Komintern como una sucesión de errores, dogmáticos y sectarios. Según su opinión, lejos de haber contribuido al fortalecimiento de los partidos comunistas, la Komintern los ha comprometidos gravemente (sic):

«Estas concepciones esquemáticas y sectarias, que los partidos comunistas han sufrido, se reflejaron también en el programa de la Komintern, aprobada en el VIº Congreso de 1928. Esto explica por qué este importante documento sobre el desarrollo del movimiento comunista internacional no sirvió a los diversos partidos comunistas a concretizar su estrategia y su táctica, y en ciertos caso hasta les perjudicó». (Liga de Comunistas de Yugoslavia; Compendio de la historia de la Liga de Comunistas de Yugoslavia; Publicado por el Comité Central del Liga de Comunistas de Yugoslavia, 1963)

Los revisionistas yugoslavos y su historiografía, totalmente como la historiografía revisionista soviética y china en general, consideran que:

«Los errores de la Komintern tiene su origen en la influencia cada vez más grande de Stalin sobre la política de la Komintern». (Liga de Comunistas de Yugoslavia; Compendio de la historia de la Liga de Comunistas de Yugoslavia; Publicado por el Comité Central del Liga de Comunistas de Yugoslavia, 1963)

Y acaban en afirmaciones tan absurdas como reaccionarias, según las cuales:

«Stalin habría considerado la Komintern como un instrumento para su política de gran Estado». (Liga de Comunistas de Yugoslavia; Compendio de la historia de la Liga de Comunistas de Yugoslavia; Publicado por el Comité Central del Liga de Comunistas de Yugoslavia, 1963)

Por estas afirmaciones, los revisionistas yugoslavos, estaban lejos de decir algo novedoso, transbordan directamente en sus escritos los puntos de vista de los trotskistas y de otros oportunistas contra los cuales la Komintern llevo una lucha consecuente y de principios.

Los actuales revisionistas yugoslavos imputan a la Komintern todos los errores, las desviaciones y la lucha sin principios, que siempre ha caracterizado al Partido Comunista de Yugoslavia [así se llamaba el partido hasta que en 1952 pasó a llamarse Liga de Comunistas de Yugoslavia - Anotación de Bitácora (M-L)], acusándola de haberle incitado a actuar de este modo y de haber sembrado en su casa la confusión ideológica, política y organizativa, esa total desagregación, que jamás permitió al Partido Comunista de Yugoslavia consolidarse en tanto que verdadero partido comunista. Lejos de ser la responsable de esta situación, la Komintern, por el contrario, no cesó de luchar por eliminar en el Partido Comunista de Yugoslavia el caos y la crisis permanente debidos a la cuales sus dirigentes jamás se sacudieron de sus ilusiones oportunistas, de sus vacilaciones, no renunciando jamás a la lucha fraccionaria, ni comprendieron las orientaciones de la Komintern, sus claras directivas sobre la necesidad de templar revolucionariamente al partido. El Partido Comunista de Yugoslavia jamás ha acogido bien, la ayuda que la Komintern no ha dejado de aportarle sobre todos los planes. He aquí como los revisionistas titoistas describen la situación del Partido Comunista de Yugoslavia a principio de los años 30 y de la cual hacen responsable a la Komintern:

lunes, 5 de febrero de 2018

No basta sólo con tener una línea justa; Georgi Dimitrov, 1935

En la parte final de su «discurso resumen», Georgi Dimitrov da un magnífico ejemplo sobre cuestiones de grandísima importancia no siempre apreciadas en su justa medida. En cuanto a la línea del partido –que es el sexto punto de su informe–, el autor destaca:

a) No contentarse con realizar un buen análisis y sacar en claro grandes resoluciones, sino supervisar que se aplique tales publicaciones, supervisar así mismo que sean los cuadros adecuados quienes lleven a cabo las diferentes tareas que garanticen esto.

b) Hacer que las resoluciones del partido, que su línea, llegue a todas las capas de las masas trabajadoras, en palabras del búlgaro sería: «aprender el arte leninista de convertir nuestros acuerdos en patrimonio, no sólo de los comunistas, sino también de las más amplias masas trabajadoras». Y realizar esta tarea aprendiendo sabiendo hablar a las masas sabiendo evitar el «lenguaje pesado» y pudiendo comunicarte con las masas «en su propio lenguaje», de acuerdo con su nivel teórico del marxismo, pensando en todo momento «en el obrero sencillo que tiene que entenderte, creer tus llamamientos y estar dispuesto a seguirte».

El documento:


«Camaradas; elaborar una línea política justa es, huelga decirlo, fundamental, para la Komintern y para cada una de sus secciones. Pero tener esa línea no basta para dirigir de ese modo concreta la lucha de clase.

Para ello es necesario que se creen una serie de condiciones, y en particular las siguientes:

La primera es asegurar, en el terreno de la organización, que en la labor práctica se lleven a cabo todos los acuerdos adoptados y superar con decisión los obstáculos que se presenten en el camino.

Lo que el camarada Stalin planteó en el XVIIº Congreso del Partido Comunista (bolchevique) de la Unión Soviética, en relación con la aplicación consecuente de la línea política, puede considerarse como valedero, total o parcialmente, en el momento de adoptar resoluciones en ese sentido por nuestro congreso:

«Algunos piensan que basta trazar una línea –decía el camarada Stalin– acertada en el partido, proclamada públicamente, exponerla en forma de tesis y resoluciones generales y aprobado en votación unánime, para que la victoria llegue por sí sola, digámoslo así, por el curso natural de las cosas. Esto, claro está, no es cierto. Es un gran error. Así no pueden pensar más que incorregibles burócratas y aficionados al papeleo. En realidad, estos éxitos y estas victorias no han sido alcanzados sin más ni más, sino en la lucha encarnizada por la aplicación de la línea del partido. La victoria no llega nunca por sí sola: habitualmente, hay que conquistarla. Las buenas resoluciones y declaraciones en favor de la línea general del partido constituyen sólo el comienzo de la obra, pues no significan más que el deseo de triunfar, y no la victoria misma. Una vez trazada la línea certera, una vez se ha indicado la solución acertada de los problemas planteados, el éxito dependen del trabajo de organización, depende de la organización de la lucha por la puesta en práctica de la línea del partido, depende de una acertada selección de hombres, del control del cumplimiento, de las decisiones adoptadas por los organismos directivos. De otro modo, la acertada línea del partido y las decisiones acertadas corren el riesgo de sufrir un serio daño. Más aún: después de trazada una línea política certera, es el trabajo de organización el que lo decide todo, incluso la suerte de la línea política misma, y su cumplimiento o su fracaso». (Iósif Vissariónovich Dzhugashvili, Stalin; Informe en el XVIIº Congreso del Partido Comunista (bolchevique) de la Unión Soviética, 1934)

Creo superfluo añadir nada a estas exigencias que deben ser un principio rector en nuestro trabajo.

Otra condición es conseguir que los acuerdos de la Komintern y de sus secciones los hagan suyos las masas.

Esto resulta tanto más necesario ahora que se plantea el problema de crear el frente único del proletariado e incorporar a las más extensas masas del pueblo al frente del frente popular antifascista. El genio político y táctico de Lenin resalta con más claridad en la maestría con que supo llevar a las masas, sobre la base de su propia experiencia, a comprender la línea y las consignas justas del partido. Si estudiamos toda la historia del bolchevismo, ese riquísimo arsenal de estrategia y táctica política del movimiento obrero revolucionario, podemos convencernos de que los bolcheviques no remplazaron jamás los métodos de dirección de las masas por los de dirección del partido.

jueves, 21 de diciembre de 2017

El anarquismo según la Komintern –Internacional Comunista– de 1928

Piotr Kropotkin 
«El anarquismo, cuyos representantes más notorios –Kropotkin, Jean Grave y otros– durante la guerra de 1914-1918, se pasaron traidoramente al lado de la burguesía imperialista, niega la necesidad de las organizaciones proletarias vastas, centralizadas y disciplinadas y, con ello, condena a la clase obrera a la impotencia ante las poderosas organizaciones del capital. Al predicar el terror individual, aparta al proletariado de los métodos de organización y de lucha de masas; al rechazar la dictadura del proletariado en nombre de una «libertad» abstracta, priva a este último del arma mas afilada de que puede disponer contra la burguesía, de su ejército, de todos sus órganos represivos. Alejado de todo movimiento de masas en los centros principales de la lucha proletaria, el anarquismo se convierte cada vez más en una secta. Con su táctica, con sus actos y, particularmente, con su actitud hostil a la dictadura de la clase obrera en la URSS, objetivamente se incorpora al frente único de las fuerzas antirrevolucionarias

El sindicalismo «revolucionario», muchos de cuyos ideólogos, en los momentos más críticos del periodo de guerra, se pasaron al campo de los contrarrevolucionarios «antiparlamentarios» de tipo fascista o se convirtieron en pacíficos reformistas de tipo socialdemocrático, como los anarquistas, con su negación de la lucha política –particularmente del parlamentarismo revolucionario– y de la dictadura revolucionaria del proletariado, con su propaganda en favor de la descentralización corporativa en el movimiento obrero en general, con su actitud negativa con respecto al partido del proletariado y la necesidad de la insurrección y su estimación exagerada de la huelga general –táctica de los «brazos caídos»–, dificulta donde tiene alguna influencia la evolución revolucionaria de las masas obreras. Sus ataques a la URSS, consecuencia de su negación de la dictadura del proletariado en general, lo colocan, en este aspecto, en el mismo terreno que la socialdemocracia». (Komintern; Programa de la Komintern adoptado en el VIº Congreso, 1 de septiembre de 1928)

viernes, 16 de septiembre de 2016

La Komintern sobre las tareas y alianzas de los comunistas en los países coloniales y semicoloniales; Equipo de Bitácora (M-L), 2015


«Volvemos e indagamos en el tema de la alianza con la burguesía en los países semifeudales y semicoloniales. ¿Cuál era la postura de la Komintern –Internacional Comunista– en cuanto a las tareas de países coloniales o semicoloniales como Corea?:

«A medida que se desarrolle y profundice la lucha ulterior –sabotaje de la burguesía, confiscación de las empresas pertenecientes a la misma, confiscación que se transforma inevitablemente en nacionalización de la gran industria– en las colonias y semicolonias en donde el proletariado ejerza la dirección y la hegemonía, la revolución democrática-burguesa consecuente se transforma en revolución del proletariado. (...) El objetivo esencial consiste, en dichos países, en la organización independiente de los obreros y campesinos –partido comunista de clase del proletariado, sindicatos, asociaciones y comités campesinos y, en las condiciones creadas por una situación revolucionaria, soviets, etc.– y de la emancipación de las mismas de la influencia de la burguesía nacional, con la cual solo son admisibles los pactos temporales». (Komintern; Programa la Komintern aprobados en el VIº Congreso celebrado en Moscú; 1 de septiembre de 1928)

Debemos citar esta simple pero contundente cita sobre la burguesía nacional y las alianzas con ella de los comunistas, para que los genuinos marxista-leninistas comprendan bien las tácticas comunistas sobre este tema y no caigan en confusión:

«La razón por la que la Komintern consideró que era posible establecer acuerdos con los sectores de la burguesía en los países coloniales y semicoloniales era porque ciertos sectores de ella –la llamada comúnmente burguesía nacional–, en general, apoyaban al movimiento nacional. Por otro lado la misma razón de que estas alianzas fueran temporales y condicionadas era por la tendencia al compromiso y el reformismo de este mismo sector. Ellos no apoyaran la continuación de la revolución democrático-nacional hasta el final, esto significa que para lograr una ruptura total con el imperialismo sólo se puede lograr tomando la senda del socialismo. Mientras el proletariado no establezca la dictadura del proletariado y se embarque en el socialismo, la burguesía «nacional» buscará por todos los medios establecer la dictadura burguesa, y buscará también consolidar las relaciones capitalistas e incluso manteniendo la dependencia del imperialismo para ello. Mientras los sectores de la burguesía nacional juegan un rol positivo durante la etapa democrático-nacional, ésta se rebelará contra la revolución, y el proletariado en alianza con el campesinado deberá acabar por el camino que la burguesía no quiso seguir. Las relaciones que fueron calificadas en un momento como alianzas, en ese momento serán transformadas en relaciones antagónicas desarrollándose una seria lucha a vida o muerte. El proletariado solo establece acuerdos temporales con la burguesía cuando esta puede ayudarle a lograr sus objetivos como en este caso con el movimiento nacional de liberación. Si el proletariado ve que es capaz perfectamente de derrotar al imperialismo y al feudalismo sin la necesidad de aliarse con la burguesía nacional, seguramente lo hará de ese modo, ya que de todos modos el objetivo final frente a la burguesía nacional siempre será el de aniquilarla como clase. Pero por otro lado, si el proletariado falla en establecer los compromisos y alianzas necesarios con la burguesía, puede quedarse aislado de sus aliados a largo plazo quedando rodeado por las clases explotadas, la revolución democrático-nacional podrá entonces ser rota, y los esfuerzos del proletariado para establecer su dominio pueden ser rotos por la reacción local y extranjera». (Jim Washington; El socialismo no puede construirse en alianza con la burguesía, 1980)

Esto es algo que jamás llegaron a entender los nacionalistas-burgueses asiáticos como Kim Il Sung, Kim Jong Il, Hồ Chí Minh, Lê Duẩn, Liu Shao-chi, Mao Zedong, etc.

Está claro, que estos personajes eran los típicos surgidos en este tipo de países que como:

«Los representantes del nacionalismo burgués, explotando la autoridad política y moral de la Rusia soviética y la adaptación al instinto de clase de los trabajadores dan a sus aspiraciones democráticas burguesas un disfraz «socialista» o «comunista», con el fin –aunque pueden no ser conscientes de sí mismos– de desviar a los primeros grupos proletarios embrionarios de las tareas reales de una organización de clase». (Komintern; Tesis sobre la cuestión de oriente, 5 de diciembre de 1922)

Eran representantes del nacionalismo burgués y pequeño burgués, que bajo apariencia de marxistas, adolecían de un:

«Liquidacionismo de derecha que ignora los objetivos de clase independiente del proletariado. (...) Que lleva a la fusión con el amorfo movimiento nacional democrático general». (Komintern; Resolución del VIº Pleno del Comité Ejecutivo de la Komintern, 1926) (Equipo de Bitácora (M-L); El revisionismo coreano: desde sus raíces maoístas hasta la institucionalización del «pensamiento Juche», 2015)